Las dos averías que explican casi todos los ordenadores lentos

Un ordenador lento no siempre necesita jubilarse. Es la duda más habitual con la que entra la gente a la tienda: “¿lo arreglo o me compro otro?”. Y la respuesta casi nunca es la que esperan, porque la mayoría de los problemas de rendimiento no vienen del procesador ni de que el equipo sea “viejo”, sino de dos piezas muy concretas que se quedaron pequeñas con el tiempo.

La confusión viene de que un procesador antiguo suena a problema serio, y cambiarlo suena a operación cara y complicada. En la práctica, el procesador rara vez es el cuello de botella real en un equipo doméstico o de oficina. Lo que limita el rendimiento del día a día son piezas mucho más baratas de sustituir, y el error habitual es fijarse en la especificación equivocada al valorar si un equipo “da para más”.

Estas son las dos causas que explican el 90% de los “ordenadores lentos” que vemos en el taller:

Disco duro extraído de un ordenador en el taller de NEWCOM

Hay una forma sencilla de comprobar cuál de las dos causas explica tu caso, sin herramientas técnicas: abre el administrador de tareas mientras usas el equipo con normalidad. Si el disco marca cerca del 100% de uso de forma constante, el cuello de botella es el disco. Si es la memoria la que se mantiene siempre al límite, el problema es la RAM. En muchos equipos coinciden las dos cosas a la vez, lo que explica por qué el cambio a SSD por sí solo a veces no basta y hace falta ampliar también la memoria.

La confusión entre estas causas explica también por qué tanta gente cambia de equipo y sigue teniendo el mismo problema meses después. Si compras un ordenador nuevo pero vuelves a instalar el mismo disco duro mecánico o no amplías la RAM porque nadie te lo indicó, el rendimiento apenas mejora, y la sensación de haber tirado el dinero es completamente justificada.

Hay un tercer sospechoso que aparece con menos frecuencia pero que conviene descartar: el polvo acumulado en los ventiladores y disipadores. Un equipo que se calienta más de lo normal reduce su propio rendimiento de forma automática para protegerse (lo que se conoce como thermal throttling), y ese frenado se percibe exactamente igual que un disco lento o una RAM insuficiente, aunque la causa y la solución sean completamente distintas. Una limpieza a fondo, mucho más barata que cualquier pieza nueva, a veces basta para devolver el equipo a su rendimiento normal.

Cambiar cualquiera de las dos piezas cuesta mucho menos que un equipo nuevo, y el salto de rendimiento suele ser mayor que comprando algo de gama baja a estrenar. Cuando la reparación ya no compensa, por la antigüedad del equipo o porque hay varios fallos a la vez, en Newcom Bilbao (Uribarri) también ofrecemos equipos nuevos y reacondicionados como alternativa. Toda la info en newcombilbao.es.

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